La Dra. Carmen Noriega plantea una mirada centrada en el cuidado, la naturalidad y la decisión de saber cuándo un tratamiento realmente es necesario.
Las redes sociales han cambiado también la manera en que miramos nuestro propio rostro. Filtros, fotografías retocadas y tendencias de belleza pueden hacer que labios, pómulos o mandíbulas parezcan modelos que todos deberíamos alcanzar. Frente a esta realidad, la medicina estética plantea una pregunta: ¿cómo cuidarnos sin dejar de reconocernos?
Para la Dra. Carmen Noriega, especialista en medicina estética, el envejecimiento no debería convertirse en una preocupación permanente. “Yo cambiaría ‘preocuparnos’ por ‘cuidarnos’”, señala. Desde su perspectiva, no existe una edad exacta para empezar a pensar en el envejecimiento, pues el cuidado de la piel, la protección frente al sol y los buenos hábitos pueden formar parte de ese proceso desde jóvenes.
La especialista también considera importante entender que no todas las personas necesitan los mismos tratamientos. Cada rostro tiene características diferentes y las decisiones no deberían tomarse únicamente porque un procedimiento está de moda. “Muchas veces, saber cuándo no hacer un procedimiento también es parte de hacer buena medicina estética”, explica Noriega.
Esta reflexión cobra especial importancia frente a la tendencia de buscar rostros cada vez más parecidos. Según la especialista, los filtros pueden convertir determinadas características faciales en un ideal que muchas personas quieren reproducir. Por ello, considera importante “no crear rostros iguales, sino respetar las características de cada persona”.
La idea de fondo es que un procedimiento estético no debería borrar aquello que hace reconocible a una persona. “Un buen tratamiento es aquel que realza la belleza de cada persona sin borrar su identidad. Que te veas mejor, pero que sigas siendo tú”, sostiene Noriega. Una mirada que propone entender la medicina estética no como una lucha contra la edad, sino como una herramienta para acompañar el paso del tiempo sin perder los propios rasgos.






